Te esperé durante 9 meses
- Laura

- hace 11 horas
- 4 Min. de lectura
Oliver,
Tu llegada cambió mi mundo.
Te esperé durante nueve meses largos, hermosos y difíciles, y hoy hace nueve meses que te perdí para volver a recuperarte. Te vi renacer como el ave fénix: aquel que, desde sus cenizas, se levanta y se transforma en un ser más fuerte, más grande, más bello.
La Bella Espera.
Mamá orgullosa
El día que nos despedimos de tus Hermanos para ir al hospital a recibirte.
Era un 2 de octubre cuando la prueba de embarazo salió positiva. Te habíamos buscado por algunos meses y mami ya estaba desesperada por no encontrarte. Finalmente, ese día sonreí. La sonrisa duró poco, porque apenas unos días después el doctor nos dijo que había mucho riesgo de perderte, que debía permanecer en cama 24/7, en completo reposo, si quería que estuvieras bien. No había garantías.Fue muy difícil decirles a tus hermanitos, que apenas tenían dos años, que mami ya no podía cargarlos, que no podía jugar en el suelo con ellos ni siquiera ponerlos a dormir por las noches. Fue mi primer gran dolor: ver sus caritas tristes y decepcionadas.
Qué ironía que hoy la situación sea similar. Ellos han tenido que volver a aceptar, otra vez y sin haberlo pedido, que mi atención se dirija en su mayoría a ti, mi bebé, y no a ellos, cuando aún son tan pequeños y están viviendo cambios tan grandes.
Pasaron los primeros tres meses y tú te aferraste a la vida. Pronto ese embarazo se convirtió en el gozo de nuestra familia y supimos que serías un varón, nuestro tercer mosquetero. Oliver.
Te vi nacer, tomar tu primer respiro y llorar. Vi abrir tus ojos y calmarte al escuchar mi voz. Te tuve entre mis brazos y te dije que te había estado esperando toda mi vida, que prometía cuidarte siempre… y dormiste.


Hace nueve meses dejaste de respirar, por un tiempo tan largo que nadie se explica cómo regresaste. Yo estuve cerca de la muerte también, pero creo que aún hoy no dimensiono la gravedad de mi situación. Desde el momento en que supe que tenía que despedirme de ti, mi amor, no volvió a haber sol en mis días. No me importaba si vivía o moría, y sé que eso no es justo para tus hermanos, porque ellos seguían ahí, tratando de entender lo que pasaba. Ojalá algún día sepan que mis palabras y mis sentimientos habrían sido los mismos por cualquiera de ellos.
Naciste, bebiste de mis pechos y compartimos la intimidad de esas horas, uno pegadito al otro. Desde entonces he preparado cada uno de tus alimentos con el mismo amor y dedicación. Hoy ese alimento entra por tu estómago y nutre tu cuerpo. Para mí, es el último rastro de esa dependencia y de ese vínculo, y por eso me he negado a alimentarte con fórmulas preparadas o a contratar servicios de preparación de comida para la sonda gástrica. Sigue siendo algo tuyo y mío.
Cuando cumpliste seis meses, después de semanas de planeación, probaste alimentos sólidos por primera vez. Fue un fracaso total: hacías pucheros y llorabas como si lo que te daba fuera veneno. Aún recuerdo tu carita al ver acercarse la cuchara.
Hoy tengo en mis manos el protocolo de alimentación oral que iniciaremos contigo. Después de todo este tiempo, los doctores consideran que estás listo para aprender a comer nuevamente de forma oral. Estoy tan nerviosa como emocionada, como aquella primera vez. Te prometo hacerlo con el mismo amor y la misma paciencia con la que iniciamos.
Te escuché llorar aquel 1 de junio de 2023 y mis lágrimas brotaron como un manantial, no de tristeza, sino de gozo. Fue el clímax de mi felicidad. Hoy estamos planeando y consultando a los mejores especialistas para que algún día no muy lejano puedas tomar tu segundo primer respiro: sin ayuda de un ventilador, con tus pulmones inhalando el oxígeno que te mantiene vivo. Hoy sabemos que esa posibilidad es real.
Y estoy segura que algún día te volveré a ver dando tus segundos primeros pasos. No conozco a nadie más terco que tú y a nadie que crea tanto en ti y sea tu fan número 1 como yo.
Hace 9 meses tenías 8 dientes, hoy tu boquita está llena y adornada con una hilera de dientitos blancos y preciosos que nos haces favor de mostrar con cada un de tus sonrisas, de esas que enamoran.
Hace nueve meses te perdí, te dejé ir y te pedí que te fueras si aquí ya habías cumplido tu misión. Te dije que mami estaría bien —la mentira más grande que he dicho en mi vida— y que estuvieras tranquilo dondequiera que fueras.
Hace nueve meses conocí el miedo más grande de mi vida, cuando por unos minutos no supe si había perdido a toda mi familia y si yo había sido la culpable. Lo que se suponía sería un día en la playa disfrutando se convirtió en una pesadilla. Vi a tus hermanos con sangre en la cara, con un collarín y miedo en los ojos. Vi a mi papá, tu abuelo, intentando no derrumbarse frente a mí, haciéndose el fuerte para darme fuerza. Escuché a mi esposo, tu papá, decirme que me amaba y que todo estaría bien, aun cuando sabía que nada lo estaba.
Hace nueve meses murió también una parte de mí. Murieron planes y sueños. Pero hoy puedo ver que ese mismo día nacieron nuevas metas, el deseo de vivir con propósito, de dejar atrás lo que solo distrae de lo importante, de soltar lo material para ver lo esencial. El oro se aprecia mejor cuando se descubre entre el lodo.
¿Cambiaría ese día si pudiera regresar el tiempo?
Sí, rotundamente. Daría mi vida por devolverte la salud.
No puedo.
Hay algo extraño y profundo en saber que te esperé nueve meses y que hoy ha pasado exactamente ese mismo tiempo desde que te perdí y te recuperé.
Seguiré moviendo montañas por ti, por ti y por tus hermanos.
Mi amor por ustedes es infinito e inagotable.
Hijo, te perdí y te recuperé.
Me despedí de un bebé y recibí a un héroe, a un guerrero.
Con amor, Mami



























Que bonito escribes, cuanto amor en las palabras ❤️