top of page
Buscar

Los títulos que si importan

16 ago
4 min de lectura

Si le hubieran preguntado a la Laura de hace diez años qué título era el más importante que quería obtener en la vida, probablemente habría respondido que un título universitario, una maestría, llegar a un puesto gerencial en alguna multinacional, dirigir personas, crecer profesionalmente.


Esa era mi meta.



Sí, siempre quise ser mamá. Pero en mi cabeza nunca existió la idea de tener que elegir. Pensaba que, cuando llegara el momento, podría dominar ambos mundos: seguir creciendo profesionalmente y, al mismo tiempo, tener una familia y cuidar de ella.


Cuando supe que sería mamá, ya tenía un título universitario y una maestría, había trabajado en el extranjero y hablaba tres idiomas.


Y entonces pasó algo que todavía me cuesta explicar. Como si alguien hubiera accionado un switch dentro de mí, aquella ambición de dirigir una multinacional y seguir subiendo profesionalmente dejó de ocupar el mismo lugar.


“Se esfumó” suena demasiado dramático. Pero tampoco encuentro una palabra mejor. Cuando supe que había vida creciendo dentro de mí, de repente nada me parecía más importante que esa vida. Quería estar en casa. Quería cuidarla. Quería estar ahí.


Y gracias a mi esposo pude hacerlo.



Hoy, si le preguntas a la Laura de 33 años cuál es el título más importante que tiene, no tengo ninguna duda: ser mamá de estos tres tipos tan divertidos y maravillosos.


Y lo curioso es que nunca he mirado hacia atrás pensando en todo lo que no conseguí o en cuánto se torcieron mis planes. No lo sentí así. Fue casi un orden natural de las cosas. Sucedió poco a poco, sin darme cuenta, y he disfrutado cada etapa.


Últimamente, sin embargo, pienso mucho en algo.


Tal vez la vida me hizo recorrer todo ese camino, de una manera bastante retorcida, para traerme exactamente hasta donde estoy hoy. Porque hoy soy cuidadora. Y sí, a veces pienso que quizá me habría servido más estudiar enfermería o medicina.


¿Una licenciatura en Administración de Empresas? ¿Para qué? ¿Una maestría en Recursos Humanos? ¿Hablar tres idiomas?

Y entonces empiezo a unir los puntos.



Agradezco profundamente haber dedicado tantos años a aprender y dominar otro idioma. El inglés me llevó a conocer a mi esposo. Me permitió estudiar una maestría, conseguir trabajo y vivir experiencias en otros países.


Pero muchos años después me permitió algo infinitamente más importante: poder comunicarme sin obstáculos con los médicos y con los sistemas de salud que le dieron una segunda oportunidad de vida a mi hijo.


¿Recursos Humanos?

Hoy nuestra vida depende de personas. Dependemos del equipo que nos ayuda todos los días, de un Team Oliver que necesita funcionar como un engranaje, con personalidades diferentes, responsabilidades distintas y un mismo objetivo: el bienestar de mi hijo.


¿Administración?


Bueno…

Creo que administrar una casa, una familia de cinco, terapias, médicos, enfermeros, citas, tratamientos, viajes, equipos médicos, gastos y todo lo que implica nuestra vida actual probablemente también cuenta.


Alguna vez me imaginé dirigiendo equipos y hablando frente a cientos de personas sobre negocios. Después dejé ese sueño atrás para convertirme en ama de casa. Y hoy, irónicamente, me toca volver a hablar frente a quien quiera escucharme.


Solo que ya no hablo de negocios. Hablo de nuestra historia. Hablo de discapacidad, de rehabilitación, de inclusión, de medicina, de miedo, de esperanza, de familia y de amor.


No, no me gusta lo que nos pasó. Nunca habría elegido este destino. Nadie elegiría esta vida. Pero es la vida que me permite seguir teniendo a mis hijos conmigo, y esa oportunidad no pienso desaprovecharla.


Hoy mi título universitario está guardado dentro de unas cajas, en un sótano, en otro país.



En las paredes de mi casa cuelgan otros diplomas.

Cursos de primeros auxilios. Preparaciones médicas. Reconocimientos por participar como ponente en paneles y conferencias sobre la discapacidad de mi hijo.


Y mientras tanto sigo hablando y hablando y hablando de nuestro día a día, que ya de por sí es un reto, y además tratando de encontrar en todo eso los recursos que necesitamos para continuar.


Recursos de todo tipo. Encontrar a las personas correctas. Crear conexiones. Aprender. Preguntar. Resolver problemas. Solventar los gastos que esta vida implica. Educar a tres grandes hombres.


Y si en medio de todo ese camino conseguimos ayudar también a alguien más, entonces creo que no me ha ido tan mal. Me gusta pensar que, de alguna manera, todo fue una preparación para esto. Que cada herramienta que hoy utilizamos para seguir adelante nos fue entregada mucho antes de que supiéramos para qué la necesitaríamos.


Me gusta pensar que la vida no solamente nos aventó de golpe hacia este destino, puso un accidente terrible en nuestro camino y después nos abandonó ahí. Quiero pensar que también nos fue preparando poquito a poquito para poder luchar cuando llegara el momento.


¿Por qué nos pasó?

No lo sé.


¿Para qué?

Eso lo estamos descubriendo todos los días.





Pero hay algo que sí sé.


El amor que existe hoy dentro de nuestra familia podría justificar por sí solo todo el esfuerzo de este camino. Y haber descubierto el lado más humano del mundo, ese que muchas veces no vemos hasta que realmente necesitamos de los demás, también ha sido una de las experiencias más profundas de mi vida.


No existe un título para eso. No hay universidad que te entregue un diploma por aprender a amar de esa manera, por cuidar, por resistir, por pedir ayuda, por aceptar ayuda, por descubrir la bondad de desconocidos o por seguir adelante cuando todo dentro de ti tiene miedo.


Pero cuando lo descubres entiendes que aprender todo eso cuesta muchísimo más que una licenciatura. Y que probablemente vale mucho más que cualquier experiencia profesional.


Hoy mis aspiraciones son diferentes. Hay un único título que todavía quiero ganarme.


Quiero que algún día mis tres hijos me miren, o que cuando sean mayores me recuerden, y puedan decir:


“Wow. Mi mamá de verdad amaba ser nuestra mamá. Mi mamá nunca dejó de luchar para darnos lo mejor.”



Si algún día consigo ese título, será el logro más grande de toda mi vida.

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page